Este es el caso de un trabajador que, tras la petición de baja voluntaria, siguiendo el plazo de preaviso establecido de 30 días, decide dos días antes de la finalización de dicho plazo retractarse de su decisión. Cabe decir que la empresa ya había efectuado un precontrato con la persona que lo iba a sustituir.

Entra en debate cuál es la eficacia de la última decisión de este antes de la finalización de los treinta días de preaviso y si llegará a producir efectos. El empleado presentó una demanda de despido porque la empresa no aceptó su retracción.

El preaviso

Cuando se comunica una baja voluntaria, el trabajador continúa estando de alta en la empresa, ya sea prestando servicios de forma efectiva o de vacaciones.  De manera que la relación laboral no se extingue hasta que llegue la fecha indicada por el trabajador. Los días de preaviso están estipulados en el Convenio Colectivo aplicable, aunque también puede pactarse en el contrato de trabajo.  El trabajador tiene derecho a retractarse de la baja voluntaria durante el periodo de preaviso, pero existe una excepción, Siempre y cuando la empresa no haya contratado a otro trabajador para sustituir al primero, en dicho caso, como generaría un perjuicio para la empresa, no sería posible retractarse.

El Tribunal Supremo considera que no es factible la retracción si no es aceptada por la empresa, porque la dimisión ya se ha perfeccionado por la aceptación del empresario. Pero la cuestión de este caso se basa en la figura del preaviso. Porque los efectos extintivos de la dimisión se difieren hasta que transcurra el tiempo fijado, de manera que el contrato puede sufrir modificaciones a favor de del empresario, así como a favor del trabajador. El mismo tribunal estima que en el principio de conservación del negocio jurídico debe imperar el principio de buena fe, de manera que se debe estimar si se van a causar perjuicios a la empresa o a un tercero.

En este caso, el juzgado entiende que la retracción del trabajador sí es perjudicial para la empresa, de manera que como la empresa ya ha realizado un precontrato con un tercero, aunque este no sea un contrato como tal, si genera para ambas partes la obligación de celebrarlo. Así pues, la decisión de la empresa de no aceptar la retracción de su empleado fue totalmente lícita, y debe desestimarse la demanda de despido.